martes, 14 de octubre de 2014

9

Cada fracción de su cuerpo es para mí, lo mismo que  para un drogadicto el éxtasis. Claro que, la diferencia es que él me levanta cuando estoy mal, y si no, se cae conmigo.
Como alguien puede ser tan grande como para que sea capaz de dar la vida por él.

Y pensar como un par de desconocidos tan distintos han acabado conociéndose tan bien y siendo tan parecidos.

Que si, que nuestros piques siempre están ahi pero, ¿sabes que? Que nada sabe mejor que un beso de reconciliación (especialmente los tuyos).

Hace algún tiempo hablé sobre aquellas  cosas de ti que aún no sabía.
Ahora si, ahora sé que si eres de aquellos que tararean por la calle el estribillo de su canción favorita ( all of meeee.... All of youuuuu).
Que no te gustan las pelis de amor. Que tu color favorito es el azul y tu animal el Koala.
Que te vuelves loco bailando.
Que tienes camisetas (no) de marca.
Que te quemas con el sol rápidamente.
Que te encanta cantar pero te da vergüenza (o al menos conmigo al principio).
Que te encanta el ketchup pero en las patatas no (cosa no muy normal).
Que eres muy perfeccionista (sobre todo con las mangas de la camisa, que siempre tienen que estar perfectas).

Y me podría pegar la vida hablando sobre ti y tus manías, pero prefiero pegarmela averiguando todo lo que me queda por saber de ti.

No quiero que cambies nunca.
No quiero que dejes de mirarme como me miras.
No quiero que dejes de besarme el cuello de esa manera que me vuelve loca.
No quiero que me sueltes nunca de la mano ni que dejes de rodear tu brazo por mi cuello de esa manera que tanto adoro.
No quiero que dejes de cogerme entre tus brazos para subirme encima tuyo.
Porque quiero seguir haciendo todo eso y quiero seguir tumbadome en tus rodillas.
Quiero que sigas acariciándome.
Quiero seguir notando ese cosquilleo por todo mi cuerpo cada vez que te veo.
Quiero que se me siga poniendo la piel de gallina al oler tu perfume. 
Quiero que sigas apartándome el pelo detrás de la oreja para besarme.
Quiero seguir notando ese latido cuando me apoyo en tu pecho.
Quiero seguir bailando contigo siempre.
Quiero que seas tu quien llore conmigo y me vea llorar.

Pero sobre todo, te quiero.

No dejes que me despierte nunca de este sueño (como tú bien dices).

Jaime, amor mío, no sabes bien lo que ahora eres para mí, pero yo sí lo sé. Lo eres todo.
Y que te quede claro, que si te vas, me voy contigo, que si te hundes, me tumbo contigo, que si te mueres...hazme sitio en la tumba.

Dijimos para siempre,  que no especifica exactamente lo que estaremos juntos, pero que al menos se acerca un pelín, así que ese mínimo tendremos que cumplirlo.

Así que, sigue transformado esas mariposas de mi estómago en abejas asesinas como tú bien sabes, y que sean ellas las que me maten, y no la vida, que morir de amor es lo que quiero.

                                            Te quiero.

lunes, 28 de abril de 2014

228


Hay tantas cosas de ti que aún no conozco, detalles como por ejemplo, si eres de esos que se pasan tardes enteras mirando por la ventana. O si eres de aquellos que tararean por la calle el estribillo de su canción favorita o de la banda sonora que tiene la vida. Si eres de aquellos que desmenuzan cada parte del cuerpo de la gente, jugando a ser Sherlock Holmes, intentando resolver el rompecabezas para averiguar cuales son las penas, alegrías o llantos que acarrean la mente de cada persona. Me gustaría saber tantas cosas que a veces parece que el tiempo corre demasiado deprisa y alcance todos mis intentos por conocerte del todo. 
Y ahora sólo me siento como una niña, intentando averiguar como funciona ese juguete nuevo que siempre ha deseado tener y del que jamás se desprenderá por muy viejo que pueda llegar a ser con el paso del tiempo. 
Puede que muchos se enamoren de tu sonrisa, aunque espero que no, porque quiero ser la única ocupa de esos labios manchados de carmin que desprenden los mios al empaparte de besos. 
Sí, habrá miles de cosas de ti que aún no conozca, pero otras, en cambio, podría deletreartelas como si fuera el verso de mi poema favorito. 
Tú nariz frente a mis ojos, buscando el olor de mi perfume, ese que tú tantas veces me has dicho que odias aunque sé que te encanta. Mi cabeza sobre tu hombro  escuchando aquella sinfonía del lado izquierdo de tu pecho parecida al sonido de los tambores, rápidos y desenfrenados. Las yemas de mis dedos rozando lentamente tus costillas. Tu forma de agarrarme entre tus brazos, subiéndome encima tuyo y aquella forma de entrelazar nuestras piernas como aquellos candados del puente de Roma, métafora de amor irrompible en el que la única llave para separarlo se hunde poco a poco en el fondo del río. Perder la orientación con la brújula de tu ombligo para arrasar sur con la lengua, para ganarme el norte con los labios. 
Se podría decir que me encanta cada parte de tu cuerpo, pero yo, sin duda me quedaría con tus ojos. Ojos color avellana, que calientan mi fría mirada y se hunden en el universo que son tus pupilas. Tus pestañas, entrelazando pólvora de verdades. Siempre dicen que los ojos son el reflejo del alma, por eso sin duda me quedo con tus ojos, de esa manera no sólo tengo un par de cámaras que apuntan mi sonrísa cada segundo, si no que también tengo tu alma, aquel del que juro apropiarme para toda la vida. 
Y sin duda, ese 28 de febrero se ha convertido en el mejor de mis días. 
 
"Fíjese que cuando sonríe se le forman unas comillas en cada extremo de la boca. Esa, su boca, es mi cita favorita". Ya lo sabes, soy chica de metáforas, pero quizá sea porque soy una cobarde que no se atreve a decir realmente lo que siente, que te quiero y que quiero perderme en cada letra de aquella cita que es tu boca, el resto de mis días.


 

miércoles, 26 de febrero de 2014

Bleeding out.

Hace mucho que no escribía, y posiblemente sea verdad eso de que a veces sólo haga falta una persona que lo cambie todo para distraerte un instante, el suficiente para olvidarte de todo.

Para dejar a medias la páguina de un libro o el estribillo de tu canción favorita.

Para dejar enfríar la media taza de café o yo que sé.  

Pero ahora, retomo lo anterior, todo. Cuando me tumbaba a escuchar música en el suelo de la terraza. Dicen que la música te ayuda a escapar de la realidad. 

Esos paseos por la mañana, sola, o eso creo.

 Desconexión. 

Cerrar los ojos e intentar distraerme, para evitar caerme.

Ignorancia.

Solía pensar que hay manos que encajan, como aquellos puzzles que hacía de pequeña a los que siempre le faltaba la pieza más importante.

Que la vida tenía banda sonora o que los cuentos de por la noche ayudaban a dormir

 Por mi mente pasan miles de escenas rompedoras que no puedo evitar rememorar.

 Soledad. 

Sonrísas en la cara, lágrimas en la cabeza. ¿Qué dirán de mi cuándo no esté?

Ilusiones.

La vida, sin duda, es un teatro, pero a veces, tiene un reparto deplorable.

 Dudas.

 Ambos sabemos como iba a terminar esto. ¿Cómo es posible que una misma persona te haga sentir de lo mejor y, al mismo tiempo por cualquier error te haga sentir de lo peor? Él me enseñó la respuesta. Se llama amor.

 Muerte.

 La vida es corta y es una mierda la mayor parte del tiempo. Ya todo el año me hace daño y me vuelvo a llevar a patadas con la primavera. Mañana no será otro día. El estómago me arde. Tú crees que me matas, yo creo que te suicidas.

 Estupidez.

 No estoy loca por querer terminar. Nada dura para siempre. Ni el amor, ni la vida. Todos los puentes están enamorados de un suicida. ¿Cuál será el mio?

 Fin.

Adiós.