lunes, 28 de abril de 2014

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Hay tantas cosas de ti que aún no conozco, detalles como por ejemplo, si eres de esos que se pasan tardes enteras mirando por la ventana. O si eres de aquellos que tararean por la calle el estribillo de su canción favorita o de la banda sonora que tiene la vida. Si eres de aquellos que desmenuzan cada parte del cuerpo de la gente, jugando a ser Sherlock Holmes, intentando resolver el rompecabezas para averiguar cuales son las penas, alegrías o llantos que acarrean la mente de cada persona. Me gustaría saber tantas cosas que a veces parece que el tiempo corre demasiado deprisa y alcance todos mis intentos por conocerte del todo. 
Y ahora sólo me siento como una niña, intentando averiguar como funciona ese juguete nuevo que siempre ha deseado tener y del que jamás se desprenderá por muy viejo que pueda llegar a ser con el paso del tiempo. 
Puede que muchos se enamoren de tu sonrisa, aunque espero que no, porque quiero ser la única ocupa de esos labios manchados de carmin que desprenden los mios al empaparte de besos. 
Sí, habrá miles de cosas de ti que aún no conozca, pero otras, en cambio, podría deletreartelas como si fuera el verso de mi poema favorito. 
Tú nariz frente a mis ojos, buscando el olor de mi perfume, ese que tú tantas veces me has dicho que odias aunque sé que te encanta. Mi cabeza sobre tu hombro  escuchando aquella sinfonía del lado izquierdo de tu pecho parecida al sonido de los tambores, rápidos y desenfrenados. Las yemas de mis dedos rozando lentamente tus costillas. Tu forma de agarrarme entre tus brazos, subiéndome encima tuyo y aquella forma de entrelazar nuestras piernas como aquellos candados del puente de Roma, métafora de amor irrompible en el que la única llave para separarlo se hunde poco a poco en el fondo del río. Perder la orientación con la brújula de tu ombligo para arrasar sur con la lengua, para ganarme el norte con los labios. 
Se podría decir que me encanta cada parte de tu cuerpo, pero yo, sin duda me quedaría con tus ojos. Ojos color avellana, que calientan mi fría mirada y se hunden en el universo que son tus pupilas. Tus pestañas, entrelazando pólvora de verdades. Siempre dicen que los ojos son el reflejo del alma, por eso sin duda me quedo con tus ojos, de esa manera no sólo tengo un par de cámaras que apuntan mi sonrísa cada segundo, si no que también tengo tu alma, aquel del que juro apropiarme para toda la vida. 
Y sin duda, ese 28 de febrero se ha convertido en el mejor de mis días. 
 
"Fíjese que cuando sonríe se le forman unas comillas en cada extremo de la boca. Esa, su boca, es mi cita favorita". Ya lo sabes, soy chica de metáforas, pero quizá sea porque soy una cobarde que no se atreve a decir realmente lo que siente, que te quiero y que quiero perderme en cada letra de aquella cita que es tu boca, el resto de mis días.